jueves, 10 de febrero de 2011

El arte en la vida



Tienen las cosas irregulares una identidad que roza el carácter de una obra de arte( aunque su finalidad no sea la belleza, la expresión simbólica o la representación). Su imperfección las dota de una condición de ejemplar único(objeto contra creador).
Convivir con ellas no es fácil, pues continuamente te someten a interpretar su particular forma de existencia, pero a la vez, te ofrecen la posibilidad de vivir otra piel que en la rutina sería impensable.  

miércoles, 9 de febrero de 2011

Año cero



Año cero


Inesperadamente existo,
a pesar de la confabulación estelar,
mi vida no fue nunca mía.
Corpúsculos desconocidos,
meteoros y satélites desbocados
que, de forma irremediable, impactan sobre mí;
a ellos pertenezco.  Me vigila en la sombra
un centinela de azul armadura, avizor nocturno,
implacable acusador.
Sigo siendo una bóveda adolescente
capaz de resistirlo todo.
El oficio del  barquero se extingue,
es mucho mejor hacerlo a nado
 cruzar hacia la orilla, visitar nuevas tierras.
 Una linfa de plateadas escamas
 me acompaña en la travesía; sobre todo nadar,
 nadar es preciso  para rescatar intacta mi alegría,
tenedlo bien en cuenta
cuando mis sueños corran por los tejados
y queráis juzgarme  sin piedad.


lunes, 7 de febrero de 2011

domingo, 6 de febrero de 2011

Mujer, humana o divina.


Dicen que a la condición de mujer se adjunta de forma implícita una capacidad multifuncional que le permite ejecutar con precisión varias acciones simultáneas. Oír estas cosas hacen que dude de mi género, porque intento continuamente, de forma fallida, multiplicar mis actividades, y o bien se me quema la comida, o se me va el texto de la pantalla del ordenador; los niños se muestran agraviados porque no se sienten atendidos correctamente, ¡tengo que regar algún día las macetas, de lo contrario se me irá su alegría! … etc. Lo que me lleva a pensar que soy poco mujer, o esto de la multiplicidad es una leyenda urbana para castigarnos; aún más. Si la naturaleza nos hubiese dotado de tal cualidad, todo seria de una perfección casi divina, lo que me lleva a pensar que siendo tan ¿humana? , debo de ser un error de la especie, es más ¿seré yo de la misma especie?. Cuando los antropólogos se empeñan en agruparnos en una sola tribu, nosotros nos precipitamos de forma inexorable al caos de la exclusividad, matamos por ella, aunque aún no hemos llegado al canibalismo por ella, lo que me lleva a pensar…¿por qué "ella" es mujer? , siendo exclusiva ¿podrá hacer varias cosas al mismo tiempo?, o simplemente el resto de sus días le sabrán a carne quemada; entonces ¿pertenecerá a la misma especie?, y si es así ¿será capaz de ser consciente de su incapacidad?, en realidad puede que todo esto no le importe lo más mínimo; o quizás sí.



Explorando el mundo de los sueños


 Precioso el viedo de Erika kobren como proyecto de final de carrera


Oneironaut from Erica Kobren on Vimeo.

jueves, 3 de febrero de 2011

Lo que de mí queda


Durante los años de adolescencia soñé cada día cómo serían mis días adultos, así transcurría el tiempo, daba igual lo que hiciera, mi imaginación era puro fluir . He de decir que no fue una época perdida en abismos, era una vida paralela que disfrutaba incluso más que la real, aunque en ella los trances amargos también se hacían presentes- era soñadora no inconsciente-. Tenía un marido que se dedicaba a hacerme feliz, además de trabajar para ofrecerme una vida “perfecta”. Tenía hijos que no me costó parir, una bonita casa, no muy grande, que cuidaba yo misma porque disponía de todo el tiempo- era un sueño, claro-.
 Muchos sueños después, hubo un tiempo de marido imperfecto, de partos difíciles, de casa a medias y de amargo hogar que cuidaba yo misma porque disponía de todo el tiempo.
Planté un jardín y muchos almendros esperando ver la nieve desde mi ventana algún día, pero me pudo la prisa y brotaron en mi ausencia – esto no estaba en mi sueño, se salía del guión, aún dudo de que ocurriera, pero los sueños te desafían y van mucho más lejos-
No cuidé más la casa, ni a los árboles, ni al perro, ni al marido; salí con los hijos puestos y seguí soñando. He visto el invierno en la ciudad, exploré tierras desconocidas y volví a la casa de mis padres cargada de frustraciones y sueños.
Dormía en un cuarto que yo misma pinté de azul porque disponía de todo el tiempo. Tuve sueños azules y me volvió la prisa, y se hizo eterna; una vida paralela que disfrutaba casi tanto como la de un sueño.
Sé quién soy, no importa en qué lugar me imagine, siempre tendré ciudades por visitar, el deseo vivo de un amante, una casa, no muy grande,  ausencias por cubrir y todo el tiempo, todo el tiempo. 


martes, 1 de febrero de 2011

Carolina


Desde éste tejado no se puede respirar bien, la ciudad expulsa un calor que se eleva hasta el final. Nadie sale a la calle: Me veo obligada, pues, a observarlos a través de las ventanas; cúbicos observatorios, nidos de avispas, hervideros luminosos y tristes. Calles estrechas como lenguas de serpiente que se proyectan, se disfrazan, fluyen en solitario inmóviles como el tiempo atrapado en el cristal de un viejo reloj. Esta noche no hay ni uno solo que baile para mí, que me alimento de sus danzas. Pobres humanos que no conocen el abrigo extremo de mi piel de gata.
("Historias de gatos en cien palabras")